Sagrada Liturgia

"Ut in omnibus glorificetur Deus"

S iendo que Dios todo lo ha creado para su Gloria, Schola Veritatis asume como su labor primordial la divisa de Nuestro Padre San Benito «ut in ómnibus glorificetur Deus» («Para que en todo sea Dios glorificado» RB 57,8), consagrándose a rendir a Dios la gloria que le es debida por medio de la celebración cuidada, digna y solemne de la Sagrada Liturgia. Sus miembros se ofrecen para ser la voz viva de la Iglesia que sin interrupción canta gozosamente las alabanzas del Dios Uno y Trino.

Adoración Eucarística en el monasterio

Es en la Sagrada Liturgia, fecundada y vivida en una vida de soledad y silencio en el desierto, siguiendo las huellas de N. P. San Bruno —«O beata solitudo, o sola beatitudo» («Oh beata soledad, oh sola beatitud»)—, donde sus miembros encuentran el marco, el fundamento y el más sólido alimento para su vida interior, de cuya contemplación manará su misteriosa fecundidad apostólica.

«Los Institutos destinados por entero a la contemplación, o sea, aquellos cuyos miembros se dedican solamente a Dios en la soledad y silencio, en la oración asidua y generosa penitencia, ocupan siempre... un lugar eminente en el Cuerpo Místico de Cristo... En efecto, ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza, ilustran al Pueblo de Dios con frutos ubérrimos de santidad y le edifican con su ejemplo e incluso contribuyen a su desarrollo con una misteriosa fecundidad». (Concilio Vaticano II, Perfectae Caritatis 7)

Este primado de la gloria y de la alabanza del Dios Uno y Trino en Schola Veritatis, encuentra su expresión plena en la Sagrada Liturgia, en la forma extraordinaria del único Rito Romano, vivido en el marco de una dimensión contemplativa y cósmica. En efecto, la liturgia cristiana es un canto y una oración común con todo lo que existe «en el cielo, en la tierra y bajo la tierra» (Flp 2,10), al unísono también con el himno de alabanza del sol y los astros.

Lex Orandi, Lex Credendi

«Legem credendi lex statuat supplicandi» («La ley de la oración determine la ley de la fe»). La Iglesia cree como ora. Los dogmas de la Santa Iglesia, lejos de atenuar el misterio, perfilan sus contornos y proporcionan el contenido para que el espíritu pueda avanzar, con certeza, en la oscuridad luminosa de la fe y adentrarse en la profundidad del misterio de Dios.

Obedeciendo las indicaciones dadas por el Concilio Vaticano II en la Constitución Sacrosantum Concilium, y acogiendo el Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, Schola Veritatis:


El Canto Gregoriano, Camino de Vida Interior

Procesión y Canto Gregoriano

El canto gregoriano es ante todo «el canto propio de la liturgia romana» (SC 116). Desde San Pío X hasta Benedicto XVI, la Iglesia concede una primacía al canto gregoriano, en tanto que oración y en tanto que arte musical sagrado. Él es verdaderamente, por excelencia, la expresión cantada más auténtica y la más acabada del misterio de salvación celebrado en la liturgia.

El anonimato que caracteriza ampliamente al canto gregoriano aboga poderosamente a favor de una reivindicación plena de la Iglesia misma como autora de ese canto. En efecto, el canto gregoriano hunde sus raíces en la más alta antigüedad cristiana; ha sido contemporáneo de los mártires y formado por el pensamiento vigoroso de los Padres de la Iglesia.

Él ha atravesado los siglos y ha sufrido múltiples tempestades, pero hoy en día continúa atrayendo, mostrando su aptitud para trascender las culturas. La razón de su éxito más profundo es sin duda que él detenta todavía y para siempre el secreto de la oración.

En tanto que oración oficial de la Iglesia, el canto gregoriano merece que se le consagre un estudio serio, al término del cual será él mismo la recompensa del fiel, en una unión con Dios más íntima y más fuerte.