Doctrina Social de la Iglesia
Educar en la Verdad, luchar por la Verdad: la Familia y la Milicia católicas

Estos son los grandes amores que todo cristiano debe tener: Dios y su Familia. No hay verdadero amor a Dios si no se ama el seno del hogar donde el Divino Creador nos dio la existencia. Tampoco hay un sincero amor a la Familia si no se nutre del Amor por antonomasia.
Ambos son inclinaciones y filiaciones arraigadas en la naturaleza humana. Dios, en cuanto Padre y Creador, como principio de nuestro ser y alma; nuestra familia, en cuanto entrañas que nos concibieron y principio natural (piedad filial), y «hueso y carne nuestra»1 (amor conyugal y paternal). Así, como enseña Santo Tomás2, el hombre es deudor, en primerísimo lugar, de Dios; y, de modo secundario, de sus padres –y en ellos, a todos los consanguíneos- y de su Patria. Pertenece a la virtud de la religión el culto a Dios y a la piedad, como parte potencial de la justicia, el amor a nuestros padres (de quienes nacimos), y a la Patria (en que nos criamos) a quienes, después de Dios, más debemos.
El mandato de Nuestro Señor es que nos amemos los unos a los otros como Él mismo nos amó, dando su vida en la Cruz –y renovando incruentamente este sacrificio en los altares- como la mayor muestra de amor que puede haber3. Cuando se ataca a un ser querido, el instinto nos impele a defenderlo incluso con la propia vida (algo que podemos observar hasta en los animales). ¡Cuánto más ha de movernos a ello el don de la Caridad, recibido por la gracia de Dios! Como verdaderos cristianos tenemos la obligación de defender nuestra Fe, nuestra Patria y nuestra Familia. A Dios lo defendemos combatiendo el mal con la Verdad y revistiéndonos de Su armadura (Ef. VI, 11-18). A la Familia, constituyéndola sobre roca firme y educándola en la Verdad, en lo sagrado y en las virtudes.
No nos extendemos más. Hemos querido traerles dos conferencias recientes dictadas por el Dr. Antonio Caponnetto en Argentina, gracias al Centro Cultural Identidad Nacional, que tratan estos amores. Ambas conferencias se titulan igual que sus muy recomendados libros:
La Misión educadora de la Familia
«La familia ejerce su misión educadora de varios modos. Podemos distinguir, en principio, entre una educación de la familia, con la familia y en la familia. La primera es la que puede recibir de las instituciones adecuadas para ello, por ejemplo la Iglesia, que es Madre y Maestra. La segunda es la que comparte con otras instituciones educacionales, como por ejemplo la escuela o la universidad. La tercera, la más importante, es la que imparte en su seno.
»Este último modo es el que llamamos crianza hogareña, y ofrece una riquísima gama de posibilidades. Entre otras, la educación del sentido sagrado de la realidad, la educación de las virtudes y la educación de los valores perennes y verdaderos.
»La familia educadora es aquella de la que nos habla el Evangelio. La que por estar edificada sobre piedra puede resistir los embates de cualquier tempestad.»
El deber Cristiano de la Lucha
«La lucha es un deber para el cristiano. Pertenece a una Iglesia que es también militante, a una tradición épica, a una historia de hazañas, a un santoral heroico, a un plan salvífico que se abrió y que ha de cerrarse con batallas.
»Sigue vigente la consigna de Job: la vida del hombre es milicia sobre la tierra (Job, 7:1). Y aquella olvidada síntesis de Gracián: ‘contra malicia, milicia’.»
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